No es precisamente olvidarla lo que te pido; sino sublimarla, guardarla en ese rincón del alma, el mas limpio y sagrado.
Guardarla allí sin caer en la vulgaridad de hacerle un amor prematuro, con apartes ridículos y cartitas cursis. Guardarla allí como una bandera, como un ideal; no para huir de la pelea y refugiarte allá dentro a soñar como un cobarde; sino para ofrecerla cada día el espectáculo de tu superación, de tus continuas victorias, del esfuerzo duro y constante que te mejora, que te hace hombre, que te convierte en lo que podemos pensar que ella merece.
Le pregunte si creía que yo era capaz de eso, y se lo pregunte porque deseaba oírle decir que si.
¿No crees que seria yo cruel proponiéndote una solución inasequible para ti?… Tu eres capaz de esto, y lo harás así, porque te sobra alma y corazón para ello. No exteriorizaras nada que pase de lo normal; no exigirás ningún exclusivismo externo; no solicitaras compromiso alguno formal que esta de mas si se ama y es despreciable donde falta el amor; no escribirás cartas intimas…, en fin, tu amor tendrá este solo desahogo, el mas viril, el mas duro y difícil, te lo concedo desde ahora: el de luchar en todos los ordenes para mejorarte, para hacerte mas digno, para poder ofrecerla a ella, en su día, el mejor homenaje, la prueba de mas quilates: un hombre perfecto que se edifico a si mismo, en arduo proceso, por ella y para ella.
LA VIDA SALE AL ENCUENTRO.
Jose Luis Martín Vigil, 1961.
Yo tengo, en su día la leí, la decimonovena edición, de 1993.












Llevo un tiempo con ese libro pendiente, a ver si este verano por fin lo leo.
Un abrazo.
Ehse