_a_base_de_caprichos_

2 03 2008
Entiendo que la imagines como el Everest y a tí como a Sir Edmund Percival Hillary.
No hace falta que me pare a pensar en cómo describirla pues así sin más se me ocurren infinidad de adjetivos a cada cual más elogiador, evidentemente.
El caso es que las cosas a veces ocurren de un modo un tanto extraño, o quizás como tienen que ocurrir, y resulta que no somos otros que nosotros mismos los que nos ocupamos en tergiversarlas de tal modo que no se acaban de adecuar a las expectativas o a los caprichos.
Por eso pues me encuentro en esta especie de laberinto. Lo peor de toda esta situación es que ya he visto la salida, pero ocurre que me siento como si no quisiera salir aún, como si no quisiera aceptar todavía que esta partida se ha acabado, que esta batalla ya se ha librado, y que la he perdido, claro. Es desarraigo puro, sentirme desubicado en el día a día, buscando unas excusas para evitar dejarme llevar por otras excusas.
Creo que sé qué tengo que hacer pero creo que no sé cómo tengo que hacerlo. Es pura paranoia. Un cacao mental de narices. Y si me pongo sigo… mirad, incluso puede que sí sepa cómo hay que hacer las cosas pero no sé por qué narices estoy tratando de buscar ese motivo salvador que me libre de hacerlas así, sino más bien que me de permiso para seguir enredando esta madeja de hilo infinita y en la que sé que al final acabaré liado y jodido.
Y luego entro en nadaimporta y leo cosas como esta…
A veces la mejor manera de decir algo es cerrar la puta boca.
En fin.

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