la_buena_vida

31 03 2008

Cómo nos gusta, aunque cada cual la entienda a su manera.

Esta mañana estaba agobiado haciendo cosas, de un lado a otro, casi sin parar, y cuando estaba a punto de terminar me he parado a tomarme una cervecita en la terraza del Delante, ahí con el solecito y todo tranquilo. Y como siempre, me he puesto a pensar, a darle vueltas al coco.

Hace unos días me hablaron de los hijos de alguien, dos hermanos, que están peleados desde hace algunos meses hasta el punto de que ni siquiera se hablan. Y anteriormente me raspó de cerca otro caso similar en el que dos hermanos ni se podían ver. No estoy seguro del todo de los motivos, pero bien me atrevo a decir que el dinero tiene bastante que ver. No dejamos de conocer casos en los que hermanos o allegados muy cercanos acaban enfrentados por pelas, por una herencia, o por tener mejores cosas que el otro, yo qué sé.

Y también es cierto que esto puede sonar a la típica alegación que los que no tenemos un puñetero duro decimos y usamos a menudo para justificarnos, convencernos o creernos que somos felices. El caso es que yo me siento a gusto cada día, viviéndolo en la medida de mis posibilidades, pero de lo que me doy cuenta es de que tengo lo que quiero, no echo de menos nada así en plan extravagante. ¿Un coche más grande? ¿un viaje por todo el mundo?… no sé, a muchos nos gustaría tener o poder hacer algunas cosas pero desde luego que no me siento para nada desdichado o triste incapaz de alcanzar la felicidad por no tener eso. Es algo extraño… tengo amigos, mejores amigos, gente en la que confío, hago cosas que me hacen sentirme realizado por dentro, como persona, algunos ahorrillos para lo que pueda surgir, tiempo libre que puedo dedicar a mil cosas o a ninguna (y esto me hace sentir verdaderamente libre), puedo viajar a los sitios que me seducen, que me gustan… en fin, mi hermana está en Alemania y se va a casar con mi cuñado, no sé… no ganos 4000 euros al mes ni tengo a una tropa de 300 operarios a mi cargo, pero sinceramente, no cambiaría ni una pizca de la ilusión que siento cada día y mucho menos correría el riesgo de disputas por la miseria que trae el dinero. Que tienes algo más, perfecto, porque hoy en día, el ritmo que llevamos y la calidad de vida a la que nos acostumbramos acaba dependiendo de una forma u otra de eso, del dinero, pero con calma. Son mucho mejores las sensaciones que vienen de dentro que las que trae consigo éste. Digo yo… que soy pobre 🙂


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