reemprendiendo_el_camino

19 10 2011

Tres meses. Hace casi tres meses que escribía la última entrada. Entonces hablaba sobre cosillas y preparativos del Camino de Santiago que iba a hacer con @frinkelson a finales de agosto.

Bueno, han ocurrido muchas cosas desde entonces; sin duda puedo decir que han sido unos meses con una carga emocional muy intensa y estoy seguro de que dejarán una marca considerable en mi vida. No tengo intención de extenderme mucho aunque ya me conocéis… en fin.

Puedo comenzar a contaros que a primeros de agosto me fui a Alemania a ver a mi hermana que estaba embarazada. Ya sabemos que es una niña lo que viene y estamos de verdad contentísimos. En esas fechas ellos ya comenzaban las clases de forma que pasamos una semana tranquila, íbamos a bañarnos a un lago cercano, Gelterswoog, a dar vueltecillas con la bici o la moto por los montes cercanos que llegan a la torre Humbergturm, me refiero a mi cuñado y en un par de ocasiones Jan vino también, y bueno, fueron unos días deliciosos. Conocí y probé el Schniposa en una terraza increíble, la del Alter Bremerhof, en Kaiserslautern, y lo mejor de entonces fue que una tarde había recibí un mensaje de aquí de España en el que me comentaban que definitivamente había aprobado las oposiciones a las que me había presentado en junio y julio en Sevilla. Fuímos a celebrarlo al 21, o TwentyOne, en el centro de Kaiserslautern y qué os voy a contar… de noche en aquella terraza, la más alta de la ciudad, lloviendo un poquito, con mi copita y esa música increíble que sonaba de fondo, mi hermana y mi cuñado, también estaban Jan y Eike, en fin, un momento único.

A mi regreso a España ingresamos a mi abuela en el hospital. Esta situación se prolongó a lo largo de todo el mes de agosto. Cancelé el viaje que tenía previsto hacer, el Camino, y fui postponiendo mi traslado a León hasta el último momento. En ese mes intenté combinar el estar con mi abuelo el tiempo que podía, en Perín, con los preparativos de mi traslado. Así todo, el 29 de agosto me fui a Toledo, en concreto a Tembleque a ver a Juanfran. Estuve allí dos días. Fueron dos días en los que me sentí más desubicado que nunca antes en mi vida. Habiendo dedicado tan poco tiempo a prepararme para irme y habiendo estado tanto tiempo en Perín con mi abuelo o en el hospital con mi abuela creo que no me había hecho a la idea de que llevaba el coche cargado con todas mis cosas y unas perspectivas de cambio increíbles en mi vida que me pareció, en esos días, que se me quedaban grandes. Una barbaridad. Digo una barbaridad porque esa mezcolanza de emociones o sentimientos no es posible describirla. Aunque en realidad me agobiaba más la sensación de dejar algo pendiente.

El día 31 llegué a León. Fue un regreso curioso porque de pronto me encontraba en la ciudad en la que se originó todo: El viernes 12 de noviembre de 2010 llegué a León después de una etapa de 107 kilómetros; salí esa mañana de Carrión de los Condes. Llevaba 2411 kilómetros y 179 horas de pedaleo en la bici desde Alemania. Una experiencia de esa índole sin duda cambia a una persona. Y a mí me cambió definitivamente. Esa noche entré en el Nuevo Sevilla a tomar unos cortos y pensé muchas cosas. Paseando por la ciudad no dejé de sorprenderme y por la mañana cuando salía en dirección a Ponferrada pensé para mí en lo agradable que sería vivir en una ciudad como esta. Yo terminé, varios días después mi Camino y con las mismas comencé a recorrer otro, no menos verdadero, interior, el que me ha traído de vuelta.

Así, como os contaba, el 31 de agosto llegué a León y los recuerdos y las emociones se abrieron hueco para asomarse un poquito más a la ventana esa desde la que se ven los logros alcanzados y las nuevas metas, auténticos retos cargados de seducción, imposible renunciar a acometerlos. A la mañana siguiente ingresé en la Academia y esa misma tarde me llamaron para decirme que mi abuela había fallecido.

Ahora no me apetece escribir sobre ese día y el viaje de regreso a Cartagena. Puedo comentar que me despedí de ella antes y que lloré mucho después. Los que me conocen saben que mi abuela fue mi madre. En fin, quizás más adelante comente algo al respecto. Es probable que no.

La cuestión es que ahora han pasado casi dos meses. Los cambios en el estilo de vida han sido asombrosos. Aún no me he acostumbrado, lo reconozco, y dudo que ninguno aquí lo haya hecho aún. Recuerdo que al principio yo, y me atrevo a decir que otros más también sentirían algo similar, sentía una sensación extraña, una especie de temor a la soledad, a quedarte solo, lo que te invita de pronto a relacionarte con todos sin improtar nada; es como si lo importante fuera relacionarse, alejar los temores o las inseguridades de esa forma y sin tener en cuenta para ello nada más. Cuando esa primera emoción pasa, quince días, un mes, cada uno necesita más o menos tiempo, comienza uno a percibir detalles más pequeños que antes pasaba por alto, comienza a organizar el entorno y a depender menos de esa necesidad abrumadora primera. Y entonces es cuando puedes permitirte ser un poco más crítico, exigente y selectivo. Es algo que todos hacemos casi sin darnos cuenta.

El balance que hago es definitivamente positivo. Echo de menos ver a mi abuelo y no por mí si no por él. Hace poco ha perdido a la mujer de su vida y no me imagino siquiera cómo puede ser, no voy a dejar de ser un sentimental empedernido. Me apetece verle porque creo que se sentirá mejor. No echo de menos Cartagena tanto como podría haber imaginado; supongo que eso está ahí, que ya lo conozco y creo que tengo muchísimas cosas que ver, descubrir, aprender, y desde luego oportunidades para ello.

Pienso mucho en mi hermana, eso sí es cierto además desde que se fuera a Alemania y yo conociera aquello me ha recorrido una sensación de ilusión por seguir esos pasos de una forma u otra. Así que a parte de muchas otras cosas que quedan pendientes, estas Navidades las volvemos a pasar en Kaiserslautern, D.m.

Bueno, a parte de todo y a pesar de lo que queda pendiente, pretendo que esta entrada sirva para, como dice su título, reemprender la marcha apasionada después de estos meses de parada obligada. Sabéis que ando, intento andar, por Twitter y Facebook para contaros mis cosillas un poco día a día pero también sabemos que esos pasan muy por encima de los detalles, así que nos vemos de nuevo por aquí por el blog.

¡Un abrazo a todos!

 


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One response

25 10 2011
Naza

No echas de menos Cartagena porque stás muy bien, pero cuando vuelvas… La verás con otros ojos, te lo aseguro. Verás el puerto y te parecerá el más bonito que has visto nunca, el sol brilla más y el mar es más azul… Y después de una semana, no querrás volver a León. O al menos a mí me pasa eso.

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