bienvenido_a_casa

3 03 2012

Acaban de salir de la Oficina del Peregrino con sus Credenciales Compostelanas, se miran y sonríen al darse cuenta de que no pueden parar, el Camino aún no ha terminado.

Cuando vine aquí en septiembre se me pasó por la cabeza que me gustaría vivir en León, en la ciudad. No era más que una intención. En septiembre no me preocupé mucho por eso, trataba de adaptarme a lo que había a mi alrededor y ya había decidido dejar eso a un lado para más adelante.

Antes de Navidad, paseando por el centro de León, ví un piso que me gustaba: estaba justo detrás de la Catedral. Tardé en decidirme y cuando por fin quise cogerlo lo habían alquilado. Suele ocurrir en la vida… esperas y los trenes se marchan aunque tal vez con algún fin porque poco después cuando fui a una inmobiliaria a preguntar me enseñaron un piso en la misma calle Ancha. Ya lo había visto y ni pregunté por él porque creía que se quedaba fuera de todas mis posibilidades.

Por cosas que uno no se imagina, o yo al menos no me lo imaginaba, pude manejarlo de forma que me hice con él. Era un último piso, un tercero con balcones que daban la calle Ancha completamente vacio, no había ni una escoba, bueno, por no haber no había ni agua ni luz, pero desde él se ve toda la calle Ancha, la Casa Botines, el Palacio de los Guzmanes y la Catedral de León. Me dejó prendado así que gasté todo el mes de enero en arreglarlo todo, en limpiarlo a fondo, en arreglar cosillas que no me gustaban y en comprar y poner muebles hasta dejarlo a mi gusto por fin.

Lo curioso de todo es que ni en Murcia ni en Cartagena he sentido las casas como mías en todos estos años, es más, he tenido siempre la sensación de que estaba de paso. Y resulta que ahora aquí me siento mejor que nunca. Es una sensación asombrosa, deliciosa y desde luego acogedora.

Ahora estoy viendo The Way. Los que me conocen jamás imaginarían que diría algo así porque siempre me ha gustado estar en la calle, caminar, mirar, ir a un bar a tomar un cafetillo o cualquier cosa para retrasar la hora de llegar a casa. Y como os digo, ahora estoy en casa, he cenado y viendo una película… me resulta extraño.

the Way, hablando de todo un poco, es una película de Martin Sheen que se estrenó en el 2010, justo después de mi Camino de Santiago, el que cambió toda mi vida y aún a día de hoy sigue cambiándola.

En este momento el gitano, Ismael, le acaba de dar la mochila que su hijo le quitó la jornada anterior a Tom Avery, suena ThankYouIndia de Alanis Morrissette y pienso que no me cansaré nunca de ver esta película. No sé cuántas veces volveré a hacer el Camino durante el resto de mi vida, pero de lo que estoy seguro es de que cada una de ellas será diferente, increíblemente especial y necesaria, sin duda.

En fin, hacía muchos meses que no me sentaba tranquilamente a escribir y a dedicarme un ratillo. Ya va llegando el momento. Y dentro de un ratillo, en cuando vengan estos, nos vamos a tomar unos vinitos por el Romántico.


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3 03 2012
Javier

Hola Pedro.
La verdad es que no sé si nos conocemos o no (lo siento pero no me doy cuenta = soy un poco desastre) pero el caso es que un buen día me llegó un link de tu blog sobre el Camino de Santiago. Por lo que dices, el Camino ha sido muy importante para ti, hasta el punto de comentar que te cambió la vida. Te paso el link del blog de nuestro proyecto DisCamino porque imagino que te gustará saber de él y hast es posible que nos veamos a nuestro paso por León. Un saludo. Javier
http://nuncaserabastante.blogspot.com/2012/02/un-nuevo-camino.html

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