puesta_a_punto

24 06 2016

Esta tarde me quedé después del trabajo en el taller para seguir poniendo a punto mi bicicleta y aprovecho para contaros un poco.

Ya sabéis muchos que la bicicleta la compré en el 2010; desde entonces nunca le he hecho mantenimiento y la verdad es que cuando hace un par de semanas la desmonté me llevé alguna sorpresa… tornillos que faltaban de guardabarros o del transportín, suciedad a montones acumulada por la grasa en la cadena, en los piñones, cables cortados por el roce con partes de la bicicleta…

Lo que estoy haciendo es ponerla a punto, que no comprar todo nuevo y cambiarlo. Así que he desmontado, limpiado y estoy volviendo a montar. Y esta tarde me he entretenido cableando desde la dinamo hasta la lámpara y los dos conectores que llevo del Zzing. Al final me ha quedado una chapuza, no os voy a engañar. Y no sé cómo mejorarlo. He usado unos conectores FASTON que he tenido que aislar entre ellos para que no se tocaran y podéis imaginaros el montón de cables y conectores que hay ahí… sé que se tiene que poder hacer de forma curiosa.

Así que me he puesto a buscar y creo que tengo la solución. De la dinamo a la lámpara habrá un cableado directo y de los conectores de ésta sale otro cable hacia el guardabarros trasero. Esa parte se queda curiosa así sin más. Pero por otro lado me queda añadir los cables del Zzing. He pensado que voy a poner un cable nuevo que saldrá de la dinamo hacia el manillar y ahí voy a emplear un conector SUPERSEAL de dos vías desde el cual sacaré los cables hacia el manillar y hacia el sillín para cargar el Zzing.

big_ab7d741d340e47f0af475b08284c52d1$_35Espero que quede mucho mejor que lo que he hecho esta tarde y espero poder mostraros el resultado.





ajustes_de_bici_para_el_camino

30 07 2011

Ya sabéis que estos días he estado tanteando cosillas para poner las bicis a punto con vistas al Camino de Santiago.

Bien, pues os comento… en realidad es poco más a parte de limpiarlas y algunos ajustes. Empiezo con la Orbea Toubkal, la que llevará Fran.

El otro día se quedó sin frenos. Pensé que se habían ido las pastillas y bueno, a comprar nuevas. Resulta que no hay, que la Toubkal lleva una pinza Zoom cuyas pastillas no son frecuentes. Así que me aconsejaron cambiar la pinza por una Shimano cuyos recambios estaban más extendidos. Esto fue en Ciclos Currá, ya sabéis, ahí, sí… y tengo que decir que me sentí ‘asesorado’. Parece que entienden de frenos de disco, vaya. El caso es que tengo que darle un punto al chaval que me atendió, bueno, fueron dos, a ambos. Se han ganado una próxima visita.

         

Volviendo a la bici… resulta que las pinzas Shimano M416, mecánicas, nuevas cuestan unos 60€, la pareja. Y las pastillas de las Zoom, que no las tenían pero las podían pedir, costaban unos 20€ cada pareja, que no es poco para cómo son. El caso es que me fui sin una cosa ni otra dándole vueltas a la cosa. Resulta que una vez en casa encontré una web en la que me vendían 4 pares por 20€, muy baratillos, y me los he tanteado. Ahora bien, como las pastillas no estaban gastadas pensé que habría algún otro problema por el cual la bici no frenaba así que primero lavar la bici, me la he llevado a Belmonte y la he quitado toda la tierra que llevaba. Y una vez limpia, a trabajar con ella. Desmonté las pinzas y puse el modo ‘autodidacta’ en marcha hasta que ví cómo funcionaban y qué reglajes se les pueden hacer para intentar mejorar la calidad de la frenada y su eficacia. Vamos por pasos: las pastillas van dentro de la pinza, una enfrentada a la otra, evidentemente, y se fijan a esta mediante imanes que hay en cada una de las caras internas de la pinza. Para retirarlas hay que quitar el tornillo de uno de los laterales de la pinza en cuyo interior se apoya la zapatilla. Por ahí han de salir las dos, ladeándolas, etc. No es como en los bombines hidráulicos que se sacan por la ranura del disco.

Bien, seguimos. En teoría se ponen las pastillas nuevas, yo lavé estas con agua clara, sin ninguna clase de detergentes, y las coloqué de nuevo. Bien, ahora veréis las fotos y os voy explicando cómo se ajustan:

Por un lado tenemos el tornillo interior, sobre el que se apoya una de las pastillas que no se mueve, permanece inmóvil cuando frenamos: es la otra pastilla la que se acerca al disco presionándolo y haciéndolo flexionar hasta hacer tope con la opuesta. Por tanto, entenderéis que esta pastilla que permanece inmóvil debe estar lo más próxima al disco posible para evitar que éste se flexione más de lo adecuado. Esto se hace usando el mismo tornillo que hemos quitado para sacar las pastillas; veréis que cuanto más apretamos, más se acerca al disco.

Para evitar desajustes veréis que en uno de los laterales de su rosca hay un pequeño tornillo #allen que podéis apretar de forma que muerde la rosca e impide que se afloje.

Seguimos. Una vez que hemos puesto la rueda pasamos a los siguientes ajustes. Hay un tensor en el manillar, en la maneta del freno, y hay otro en la propia pinza de freno, justo dónde llega cable. Sirven para regular la tensión del cable, para compensar las pérdidas de grosor de las pastillas sobre la marcha.

Yo los he dejado así, al mínimo de forma que conforme vayan desgastándose pastillas podré ir tensando el cable. Para ello no tendré más que ‘aflojar’ uno u otro tensor y emplearemos la contratuerca para evitar que retroceda o varíe.

Y por otro lado tenemos la palanca de freno. Veréis, esta acciona el eje de la pinza de freno cuya cabeza es de forma hexagonal y encaja en un hueco hembrado que tiene la palanca. Según en que posición se encuentre, habrá más o menos recorrido de la misma. En principio está como véis en esta foto:

Si os fijáis está en posición horizontal y su recorrido hasta llegar al tope es de apenas dos centímetros de cable. ¿Qué ocurre? Que quiero que haya más recorrido para poder acercar más las pastillas a los discos y disponer aún de recorrido suficiente para realizar la frenada. Para ello quitamos el tornillo del eje y giramos la palanca hasta la siguiente muesca, os recuerdo que su interior es hexagonal y casa con el del eje, hasta dejarla en esta posición que como véis es casi opuesta al tope.

Ahora tan sólo queda colocar de nuevo el tornillo y fijar el cable a la presilla una vez que hayamos encontrado la posicíon correcta acercando las pastillas al disco. Váis girando la palanca, como si estuviérais frenando, hasta que creáis conveniente según os guste el tacto de la frenada y apretáis la presilla con el cable tensado. Al final de este proceso quedan unos 5 centímetros de recorrido de cable que sí son más que suficientes para responder a nuestras demandas.

En la rueda delantera haré lo mismo con la observación de que hay que soltar la pinza de la horquilla porque la palanca tropieza con ese tornillo al girarla. El proceso es el mismo como os decía, después la volvemos a fijar a la horquilla.

Desspués le he engrasado la cadena. Para ello usamos aceite específico, no vale el de cocinar, y lo echamos a la cadena por la parte interior de esta. ¿Cómo? Pues echándolo por encima del tramo de cadena que pasa por abajo, que vuelve hacia el pedalier y no en la parte superior que va hacia los piñones.

Hay que echar la cantidad justa, no excederse ya que todo el aceite que haya en exceso pasará de lubricar a atrapar tierra y polvo a mansalva. Veréis que la parte de la cadena que debe estar engrasada o mejor dicho lubricada porque grasa no lleva, es su interior, los pasadores y sus casquillos. Mirad la foto siguiente, no sé si podéis apreciar lo que os comento:

A la Giant sólo le he limpiado los ejes de los frenos que son V-Brake y tensado los muelles.

Véis que sólo hay que quitar el tornillo, limpiar y engrasar, con aceite especial para eso, no vale el de la cadena. He aprovechado para ajustar las pastillas de los frenos delanteros, estos que véis:

Las de atrás no tengo que volver a ajustarlas, puedo cambiar las pastillas únicamente sacando las gomas sin tener que tocar los ajustes, mucho más cómodo evidentemente. Son las KoolStop TecTonic de tres componentes, una maravilla oígan.

Después he cambiado un cableado que no tenía bien para poder cargar el Zzing atrás, bajo el sillín. Al final veréis las fotografías y las comento.

Bueno a ver, mirad, esta es la Orbea Toubkal a la que, con vistas al Camino, le he puesto algunas cosillas:

Una luz delantera y otra trasera. Las compré en eBay muy baratas, creo que 5€ las dos. Más adelante le pondré una buena luz delante y otra atrás, de Sigma que me gustan o una B&M atrás sustituyendo al catadióptrico del transportín.

También le he puesto un transportín al que le he acoplado mis alforjas delanteras, las que llevaba yo en la otra bicicleta. Al principio giraba en torno a la tija del sillín. Para solucionarlo lo que he hecho, siguiendo el consejo del Foro Bicigrino, he interpuesto una tira de goma gruesa para que friccione y evitar así el contacto directo de la abrazadera con la tija. Funciona perfecto.

En la parte de atrás del transportín he puesto un catadióptrico. Acabaré cambiándolo por una luz, una Busch und Müller de baterías. Aquí podéis ver las alforjas. Arriba ya sabéis que llevan sus dos pinzas y la que hay abajo viene perfecta a pesar de que el transportín es pequeño. Os recuerdo que son las Ortlieb Front-Roller Classic.

He puesto unos calas, en realidad compré también en eBay los pedales tal cual los véis, con los calas; creo que la chica los quitó porque puso automáticos en su bici y se los compré por 4€; hacen su papel.

Y he cambiado el cuentakilómetros, lo he colocado en un lado para dejar espacio para la bolsa. El cableado también lo he cambiado porque iba haciendo espiral alrededor del cable de freno y no me gusta. He usado algunas abrazaderas para que vayan juntos y no se quede suelto. Creo que es una cuestión de gustos simplemente.

Bien, esta es la bicicleta lista para el Camino:

Ahora voy con la Giant. Esta es la mía primera, la habéis visto en mis travesías. Bueno, la he lavado un poquito la cara aunque se le notan bastante los kilómetros. En fin, a ver…

Lo fundamental es que he cambiado como os contaba antes el cableado para llevar corriente de la dinamo a la parte de atrás para el Zzing. En principio conecté a la lámpara delantera pero resulta que las salidas que tiene la B&M Lumotec OvalSenso están por debajo del interruptor y del sensor con lo que era imprescindible que la luz estuviera encendida para obtener corriente de ahí. Hoy lo he cambiado. De momento he enganchado al cable del Zzing que va al manillar. Me gustaria cubrir los empalmes con funda termoretráctil para protegerlos, tarea que se queda pendiente.

Estos cables los he pasado por dentro del cuadro junto a los que van hacia los guardabarros traseros para la lámpara de atrás, y los he sacado justo debajo del pedalier llevándolos hacia arriba, hacia el sillín donde está el soporte Rixen&Kaul que es un KLICKfix para sillín en el que puedo colgar el Zzing. Aquí tenéis las fotos:

Los cables pasan por el cuadro,

EL que acabo de instalar sube hasta la parte superior de la tija para conectar el Zzing,

Y los otros le dan corriente al circuíto del guardabarros, está integrado en él para que no haya cables susceptibles de ser enganchados por el neumático, para la luz de atrás,

Una novedad que llevo ahora en la bicicleta son las cámaras con válvula Dunlop. Os cuento: la válvula Dunlop tiene el cuerpo de la válvula Americana o Schrader pero tiene un terminal que sujeta el obús y cuya terminación es del tipo de la válvula Francesa o Presta. Es lo mejor, veréis. No necesitamos pulsarla como ocurre con las americanas cuyas bombas tienen un pulsador que abre el obús. Quitando el terminal la cámara se desinfla del todo rápidamente sin quedar presión residual en el interior. Y lo mejor, a la hora de inflarla con la bomba francesa, el terminal, por su forma, hace de tope y evita que se cuele toda la válvula en la bomba como ocurre con las francesas, que es una verdadera incomodidad. A mí me convenció la primera vez que la usé, sin dudarlo y os la recomiendo. Igual que a la francesa, se la puede colocar un adaptador de válvulas americanas para si quieres darle aire en una gasolinera, etc.

A parte de lavarla y arreglar este cableado, en realidad a esta no le he hecho más; como decía, únicamente he limpiado los frenos y ajustado las pastillas de los de alante y he engrasado la cadena. Va de lujo, no necesita nada. Sí que he limpiado los espejos por dentro pero vamos, nada importante. No recuerdo si os los enseñé en su día pero bueno, van incluídos dentro de las mancuernas: estas son más grandes que las habituales, claro, y dentro llevan una combinación de tres espejos para a través de ellas ver lo que tenemos detrás. Este es un detalle de una de ella:

Esta es la bicicleta lista para el viaje a falta de las alforjas de atrás, las delanteras están en la Orbea:

Ya están las bicicletas listas para hacer el Camino, que creo que será desde Palencia hasta Santiago. Tengo intención de empezar a pedalear el día 20 de agosto y de llegar a Santiago el sábado siguiente, el 27 de agosto. A ver si va todo bien.

Si necesitáis alguna cosilla ya me comentáis. Un saludo.






este_es_el_momento

7 10 2010

Quedan apenas dos días para viajar a Alemania. Ahora, después de tanto tiempo, resulta que sí, que me voy a hacer este Camino.

Cuando pensé en junio que tal vez compraría una bicicleta para hacer alguna travesía desde luego nunca se me pasó por la cabeza que llegara este día. Creo que pensaba más en prepararlo todo que en que verdaderamente llegara el momento. Y así cada día hasta hoy, preparando cosillas, mirando y planeando, incluso saliendo con la bici a entrenar para estar preparado.

He ido sintiendo emoción y temor conforme pasaban los días pero en todo momento ha sido algo ‘utópico’ en plan ‘estoy preparando un viaje’. Ya está todo preparado y no me queda más que esperar a que acabe la cuenta atrás y estar allí el lunes, volando hacia Kaiserslautern.

Y empiezo a sentir otra clase de emociones. He descubierto preocupación, más miedo quizás por el tiempo, mejor dicho por el mal tiempo, pero sobre todo lo que siento más profundamente es una inmensa excitación que no hace más que traer imágenes a mi mente de todas las cosas y lugares que quiero ver. Es increíble, si pudiera explicarlo bien con palabras… no dejo de imaginar el momento en el que con la credencial sellada en Speyer, me suba a la bicicleta y comience a pedalear. ¿Hará frío, lloverá, será un día gris, saldrá el sol, a qué se olerá, cuánto pesará la bicicleta, cómo será la ciudad, y las casas, y la gente, y las primeras calles saliendo de la ciudad… ?

Ahora mismo, sin haber empezado y sin saber cómo acabará puedo aseguraros que merece la pena intentarlo nada más que por esto que se siente en los previos de modo que en todo momento, salga como salga, voy a animaros a que os atreváis a algo así siempre que se os pase por la cabeza y tengáis ocasión para ello, en serio, no lo dejéis pasar.

He preparado un itinerario que recorre Francia de este a oeste. Quiero entrar en Siuza para bordear los lagos Neuchâtel y Léman o de Genève. Descubrir la ribera del Ródano o los pueblos que la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad a lo largo del GR65FR. Quiero subir al Mt.-Ste.-Odile aunque me cueste casi una jornada más de pedaleo. Dormir en medio de un bosque, junto a un río y en la cima de alguna colina o montaña si se tercia. Quiero tomarme un café con leche en algún café de pueblo en el que los aldeanos hablen otro idioma, mirarlos, sentir su día a día y seguir mi camino y quiero despertarme helado de frío y calentar un poco de leche a la que echarle unos pocos cereales y algún trocito de chocolate y desayunar entre la bruma del amanecer o en el avance de la tienda mientras llueve con el constante repiqueteo de las gotas en el techo de la tienda y pensando en cómo voy a pedalear ese día. Me apetece oler a leña quemada en alguna aldea, parar y mirar alrededor, poder sentarme en una terraza en Lausana disfrutando de la multitud y almorzar junto a un mojón de carretera en algún tramo entre algún pueblo. En fin, tantas cosas en las que pienso… lo mejor de todo es que no puedo imaginar siquiera cómo va a ser y las cosas que me van a apetecer en verdad una vez esté allí. Es una clase de incertidumbre fantástica. Eso sí, me apetece llegar a Santiago, sentarme en la esterilla frente a la Catedral, en la Plaza del Obradoiro, y dejar pasar la tarde entera y eso creo que me seguirá apeteciendo cada día.

Lo dicho; en un par de días me voy. Como no sé si volveré a conectarme antes, aprovecho para despedirme y mandar a todos un abrazo muy fuerte.


Quedan apenas dos días para viajar a Alemania. Ahora, después de tanto tiempo, resulta que sí, que me voy a hacer este Camino.

Cuando pensé en junio que tal vez compraría una bicicleta para hacer alguna travesía desde luego nunca se me pasó por la cabeza que llegara este día. Creo que pensaba más en prepararlo todo que en que verdaderamente llegara el momento. Y así cada día hasta hoy, preparando cosillas, mirando y planeando, incluso saliendo con la bici a entrenar para estar preparado.

 

He ido sintiendo emoción y temor conforme pasaban los días pero en todo momento ha sido algo ‘utópico’ en plan ‘estoy preparando un viaje’. Ya está todo preparado y no me queda más que esperar a que acabe la cuenta atrás y estar allí el lunes, volando hacia Kaiserslautern.

 

Y empiezo a sentir otra clase de emociones. He descubierto preocupación, más miedo quizás por lo que el tiempo, mejor dicho por el mal tiempo, pero sobre todo lo que siento más profundamente es una inmensa excitación que no hace más que traer imágenes a mi mente de todas las cosas y lugares que quiero ver. Es increíble, si pudiera explicarlo bien con palabras… no dejo de imaginar el momento en el que con la credencial sellada en Speyer, me suba a la bicicleta y comience a pedalear. ¿Hará frío, lloverá, será un día gris, saldrá el sol, a qué se olerá, cuánto pesará la bicicleta, cómo será la ciudad, y las casas, y la gente, y las primeras calles saliendo de la ciudad… ?

 

Ahora mismo, sin haber empezado y sin saber cómo acabará puedo aseguraros que merece la pena intentarlo nada más que por esto que se siente en los previos de modo que en todo momento, salga como salga, voy a animaros a que os atreváis a algo así siempre que se os pase por la cabeza y tengáis ocasión para ello, en serio, no lo dejéis pasar.

 

He preparado un itinerario que recorre Francia de este a oeste. Quiero entrar en Siuza para bordear los lagos Neuchâtel y Léman o de Genève. Descubrir la ribera del Ródano o los pueblos que la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad a lo largo del GR65FR. Quiero subir al Mt.-Ste.-Odile aunque me cueste casi una jornada más de pedaleo. Dormir en medio de un bosque, junto a un río y en la cima de alguna colina o montaña si se tercia. Quiero tomarme un café con leche en algún café de pueblo en el que los aldeanos hablen otro idioma, mirarlos, sentir su día a día y seguir mi camino y quiero despertarme helado de frío y calentar un poco de leche a la que echarle unos pocos cereales y algún trocito de chocolate y desayunar entre la bruma del amanecer o en el avance de la tienda mientras llueve con el constante repiqueteo Quedan apenas dos días para viajar a Alemania. Ahora, después de tanto tiempo, resulta que sí, que me voy a hacer este Camino. Cuando pensé en junio que tal vez compraría una bicicleta para hacer alguna travesía desde luego nunca se me pasó por la cabeza que llegara este día. Creo que pensaba más en prepararlo todo que en que verdaderamente llegara el momento. Y así cada día hasta hoy, preparando cosillas, mirando y planeando, incluso saliendo con la bici a entrenar para estar preparado. He ido sintiendo emoción y temor conforme pasaban los días pero en todo momento ha sido algo ‘utópico’ en plan ‘estoy preparando un viaje’. Ya está todo preparado y no me queda más que esperar a que acabe la cuenta atrás y estar allí el lunes, volando hacia Kaiserslautern. Y empiezo a sentir otra clase de emociones. He descubierto preocupación, más miedo quizás por lo que el tiempo, mejor dicho por el mal tiempo, pero sobre todo lo que siento más profundamente es una inmensa excitación que no hace más que traer imágenes a mi mente de todas las cosas y lugares que quiero ver. Es increíble, si pudiera explicarlo bien con palabras… no dejo de imaginar el momento en el que con la credencial sellada en Speyer, me suba a la bicicleta y comience a pedalear. ¿Hará frío, lloverá, será un día gris, saldrá el sol, a qué se olerá, cuánto pesará la bicicleta, cómo será la ciudad, y las casas, y la gente, y las primeras calles saliendo de la ciudad… ? Ahora mismo, sin haber empezado y sin saber cómo acabará puedo aseguraros que merece la pena intentarlo nada más que por esto que se siente en los previos de modo que en todo momento, salga como salga, voy a animaros a que os atreváis a algo así siempre que se os pase por la cabeza y tengáis ocasión para ello, en serio, no lo dejéis pasar. He preparado un itinerario que recorre Francia de este a oeste. Quiero entrar en Siuza para bordear los lagos Neuchâtel y Léman o de Genève. Descubrir la ribera del Ródano o los pueblos que la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad a lo largo del GR65FR. Quiero subir al Mt.-Ste.-Odile aunque me cueste casi una jornada más de pedaleo. Dormir en medio de un bosque, junto a un río y en la cima de alguna colina o montaña si se tercia. Quiero tomarme un café con leche en algún café de pueblo en el que los aldeanos hablen otro idioma, mirarlos, sentir su día a día y seguir mi camino y quiero despertarme helado de frío y calentar un poco de leche a la que echarle unos pocos cereales y algún trocito de chocolate y desayunar entre la bruma del amanecer o en el avance de la tienda mientras llueve con el constante repiqueteo de las gotas en el techo de la tienda y pensando en cómo voy a pedalear ese día. Me apetece oler a leña quemada en alguna aldea, parar y mirar alrededor, poder sentarme en una terraza en Lausana disfrutando de la multitud y almorzar junto a un mojón de carretera en algún tramo entre algún pueblo. En fin, tantas cosas en las que pienso… lo mejor de todo es que no puedo imaginar siquiera cómo va a ser y las cosas que me van a apetecer en verdad una vez esté allí. Es una clase de incertidumbre fantástica. Eso sí, me apetece llegar a Santiago, sentarme en la esterilla frente a la Catedral, en la Plaza del Obradoiro, y dejar pasar la tarde entera y eso creo que me seguirá apeteciendo cada día.

Lo dicho; en un par de días me voy. Como no sé si volveré a conectarme antes, aprovecho para despedirme y mandar a todos un abrazo muy fuerte.

Quedan apenas dos días para viajar a Alemania. Ahora, después de tanto tiempo, resulta que sí, que me voy a hacer este Camino.

Cuando pensé en junio que tal vez compraría una bicicleta para hacer alguna travesía desde luego nunca se me pasó por la cabeza que llegara este día. Creo que pensaba más en prepararlo todo que en que verdaderamente llegara el momento. Y así cada día hasta hoy, preparando cosillas, mirando y planeando, incluso saliendo con la bici a entrenar para estar preparado.

 

He ido sintiendo emoción y temor conforme pasaban los días pero en todo momento ha sido algo ‘utópico’ en plan ‘estoy preparando un viaje’. Ya está todo preparado y no me queda más que esperar a que acabe la cuenta atrás y estar allí el lunes, volando hacia Kaiserslautern.

 

Y empiezo a sentir otra clase de emociones. He descubierto preocupación, más miedo quizás por lo que el tiempo, mejor dicho por el mal tiempo, pero sobre todo lo que siento más profundamente es una inmensa excitación que no hace más que traer imágenes a mi mente de todas las cosas y lugares que quiero ver. Es increíble, si pudiera explicarlo bien con palabras… no dejo de imaginar el momento en el que con la credencial sellada en Speyer, me suba a la bicicleta y comience a pedalear. ¿Hará frío, lloverá, será un día gris, saldrá el sol, a qué se olerá, cuánto pesará la bicicleta, cómo será la ciudad, y las casas, y la gente, y las primeras calles saliendo de la ciudad… ?

 

Ahora mismo, sin haber empezado y sin saber cómo acabará puedo aseguraros que merece la pena intentarlo nada más que por esto que se siente en los previos de modo que en todo momento, salga como salga, voy a animaros a que os atreváis a algo así siempre que se os pase por la cabeza y tengáis ocasión para ello, en serio, no lo dejéis pasar.

 

He preparado un itinerario que recorre Francia de este a oeste. Quiero entrar en Siuza para bordear los lagos Neuchâtel y Léman o de Genève. Descubrir la ribera del Ródano o los pueblos que la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad a lo largo del GR65FR. Quiero subir al Mt.-Ste.-Odile aunque me cueste casi una jornada más de pedaleo. Dormir en medio de un bosque, junto a un río y en la cima de alguna colina o montaña si se tercia. Quiero tomarme un café con leche en algún café de pueblo en el que los aldeanos hablen otro idioma, mirarlos, sentir su día a día y seguir mi camino y quiero despertarme helado de frío y calentar un poco de leche a la que echarle unos pocos cereales y algún trocito de chocolate y desayunar entre la bruma del amanecer o en el avance de la tienda mientras llueve con el constante repiqueteo de las gotas en el techo de la tienda y pensando en cómo voy a pedalear ese día. Me apetece oler a leña quemada en alguna aldea, parar y mirar alrededor, poder sentarme en una terraza en Lausana disfrutando de la multitud y almorzar junto a un mojón de carretera en algún tramo entre algún pueblo. En fin, tantas cosas en las que pienso… lo mejor de todo es que no puedo imaginar siquiera cómo va a ser y las cosas que me van a apetecer en verdad una vez esté allí. Es una clase de incertidumbre fantástica. Eso sí, me apetece llegar a Santiago, sentarme en la esterilla frente a la Catedral, en la Plaza del Obradoiro, y dejar pasar la tarde entera y eso creo que me seguirá apeteciendo cada día.

 

Lo dicho; en un par de días me voy. Como no sé si volveré a conectarme antes, aprovecho para despedirme y mandar a todos un abrazo muy fuerte.

de las gotas en el techo de la tienda y pensando en cómo voy a pedalear ese día. Me apetece oler a leña quemada en alguna aldea, parar y mirar alrededor, poder sentarme en una terraza en Lausana disfrutando de la multitud y almorzar junto a un mojón de carretera en algún tramo entre algún pueblo. En fin, tantas cosas en las que pienso… lo mejor de todo es que no puedo imaginar siquiera cómo va a ser y las cosas que me van a apetecer en verdad una vez esté allí. Es una clase de incertidumbre fantástica. Eso sí, me apetece llegar a Santiago, sentarme en la esterilla frente a la Catedral, en la Plaza del Obradoiro, y dejar pasar la tarde entera y eso creo que me seguirá apeteciendo cada día.

 

Lo dicho; en un par de días me voy. Como no sé si volveré a conectarme antes, aprovecho para despedirme y mandar a todos un abrazo muy fuerte.








A %d blogueros les gusta esto: